Impaciencia
La Impaciencia tal y como otros muchos defectos que a lo largo de mi vida he podido descubrir en la raza a la que pertenezco, se ha convertido en un mal con el que vivimos a diario. Somos entes con dos opciones, ser pacientes o ser impacientes, pero a la mayoría les agrada o les es más cómodo acoger dentro de sus actitudes, a la impaciencia, con la que consciente o inconscientemente causan un daño en doble sentido, hacia sí mismos y hacia al resto que forman parte del entorno.
Ahora, existen quienes son impacientes o pacientes dependiendo de la situación, sin embargo están aquellos que se compartan impacientemente, sin importar lo que suceda, a estos yo les llamo: impacientes por naturaleza, y estoy segura de que todos sufren las consecuencias de una actitud que les es muy improbable controlar. Hablo de sufrimiento, porque la impotencia humana para hacer frente y curar o remediar algo que es causado por sí mismo, puede llegar a ser perturbador y agobiante; lo que aunado a la propia impaciencia, se convierten en causantes de un problema mayor, que podría empezar por provocar ansiedad.
Ser impaciente es un mal que suele terminar por agobiar a los demás, y quienes se encuentran en ese lado de la escena suelen convertirse momentáneamente en personas incomprensivas y hasta insensibles; lo que es normal y no juzgaré.
Esperar es una situación que no se hace siempre con gusto y depende precisamente de lo que se espera, pero para el ser impaciente es más que algo de mal gusto, es toda una odisea, la cual vive con notable intranquilidad y una combinación de temor y enfado. Pero, aquellos que somos impacientes, nos hemos preguntado ¿porqué miedo, porqué enfado? Quién lleva el peso de la culpa? Definitivamente son interrogantes que sólo podrían ser respondidas en este momento, si existiera alguien por naturaleza impaciente, que luego de vivir un ataque de impaciencia, explicara con detalles y de manera segura lo que llegó a sentir; pero eso es algo que a mi parecer, es más que difícil, usualmente a estas personas, muy a pesar de su condición casi enfermiza, prefieren evitar el tema y por ende su análisis; más aún cuando se les quiera tomar como conejillo de estudio.
En fin, en este momento oso hablar de una cualidad o mejor dicho defecto, como prefieren llamarlo ustedes? Yo realmente, escogería lo que la sensatez y serenidad de un momento de paz e imparcialidad, llegara me como respuesta; esto puede ser tomado como una sugerencia para todas aquellas personas que dedican minutos de su tiempo y por lo menos tres renglones de su agenda, a pensar en todo aquello que les causa curiosidad.
GLORIA BARRÍA
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