Desear y Tener... Equilibrados????
Es la mente del hombre un laberinto sin fin del que no existe nadie aún, que pueda descifrarlo por completo. Osar hablar de ello suele llevarte a muchas más preguntas que respuestas y de ahí a una insatisfacción por ignorancia o simplemente por incapacidad; aunque usualmente nadie lo acepta, el sentimiento de ignorancia es común y caracteriza al ser humano en su condición de ente “aprehensor de conocimientos”.
Como dije antes, bajo la relación de otras palabras, la mente del hombre es todo un enigma que lo somete a sí mismo a la incertidumbre de sus necesidades cognitivas; pero de eso no quiero que se trate el análisis, o por lo menos no directamente, pues espero que esto sirva para que mientras continuamos la lectura, lo hagamos un tanto más conscientes de nuestra naturaleza. El tópico que realmente, me lleva a la pluma (o digamos mejor, al teclado) es “¿existe un equilibrio entre el desear y el tener?” y cuanto comprendemos de ambos.
La compleja naturaleza del hombre lo hará perseguir sus deseos sin importar, en la mayoría de los casos, cuanto ha conseguido ya, pues suele comportarse como un organismo recolector, que lo hace hasta llenar el refugio, esto es cuando ha agotado el espacio, pero sabemos nosotros, cuándo hemos agotado nuestro espacio? Buena pregunta cuando a la luz y en los comentarios de muchos a nuestro alrededor, “lo tenemos todo”, pero a la nuestra, “no tenemos nada”. Es también una cuestión subjetiva, pues cuanto es mucho para unos y cuanto, lo es para otros.
Hay relación entre lo que deseamos, tenemos y lo que realmente necesitamos? Demostrar científicamente cuanto necesitamos, es una cuestión biológica, porque sería simplemente enmarcar bajo una lista los aspectos de los cuales depende la vida humana, que estoy completamente segura irían de una saludable alimentación con los requerimientos básicos, que ya han sido incluidos en una llamada “pirámide alimenticia”, hasta la protección bajo un techo, que no debe ser estrictamente, cinc o teja, pues la agilidad y creatividad propias del cerebro humano, pueden ingeniárselas para construir con los materiales que tiene a mano en su entorno. En fin, no sólo hablo de estas necesidades, pues tenemos claro, que la vida moderna nos ha impuesto más allá de comer y protegernos del clima.
A las necesidades se suma, la parte que considero más importante, la afectiva. El hombre obedece a esta parte de su cerebro que es aún más complicada para todos, y por supuesto para mí, que como otro humano también se somete ella. El desear del hombre persigue lo que llama “Felicidad”; vivimos en una constante búsqueda de las soluciones que nos lleven a la tan anhelada “Felicidad”, pero qué o quién es ella? Ni siquiera lo sabemos, porque muchos hablan de ella, pero aún nadie puede describirla en su totalidad, o por lo menos redactar una sola definición que satisfaga a todos. Lo que sí puedo decir con seguridad, es que cada uno tiene una percepción distinta y ajusta su estrategia a ella.
Aquí llega el dilema, en que el hombre enmarca sus deseos en lo que cree que necesita su parte afectiva y en esto argumenta las decisiones que toma a lo largo de la vida, pero no siempre obtiene lo que espera. Para algunos esto significa la disposición de nuevas metas o para otros el cambio en la estrategia, pero el denominador común de estos dos tipos de comportamiento seguirá siendo el deseo, que lo mueve como si se tratara de un individuo dentro del individuo material, tal y como si habláramos del genotipo y el fenotipo, en términos genéticos.
Ahora, si el hombre enmarca toda su vida en lo que desea y lo que desea es alcanzar la felicidad, pero está claro que no tiene seguridad de lo que es realmente la felicidad, bajo que plantea o replantea estrategias? Yo en lo personal respondería que se trata de una técnica, tan antigua como la existencia humana, “el ensayo y error”; sólo que aquí hace pruebas para buscar algo que no conoce y por ende no sabrá cuando lo encuentre. Esto es más complicado de lo que parece y para la mayoría, no vale la pena dedicar tiempo y espacio de una vida, por una solución; sin embargo, considero que en este dilema está lo que todos buscan y no conocen y quizás nunca conocerán.
A este planteamiento se une todo aquello que implica para la vida del hombre “el tener”. Pero aunque parezca simple, no lo es, pues se trata no sólo de las posesiones materiales, porque aquí también hablamos de felicidad: se tiene o no se tiene?. Hablar nuevamente del tema felicidad, nos haría caer en un círculo vicioso, pero para continuar sobre el tema debemos tener aquello bien claro o por lo menos, presente.
Aquí fusionemos, qué deseamos y qué tenemos? pero si sabemos que no estamos claros, en lo que deseamos, entonces forzosamente no sabremos que tenemos, por el simple hecho de que el análisis de lo que tenemos afectivamente hablando, se limitará a lo que alguna vez deseamos tener. Así de simple, y hasta donde tengo sabido y considero coherente, no hay más a que llegar; las conclusiones para este tema, son por si solas, inconclusas, pues nos llevan a una realidad de la cual debemos estar conscientes, que nos deja más preguntas y ninguna posible respuesta al dilema inicial sobre la existencia de un equilibrio entre el desear y el tener, es lo que deseamos, lo que tenemos?.
GLORIA BARRÍA